El papel del transporte marítimo en la protección de las ballenas: un desafío que exige acción diaria

Estudios científicos confirman que la velocidad y el ruido de los buques son amenazas clave para la fauna marina.

Cada año, con la conmemoración del Día Mundial de las Ballenas, la industria marítima recuerda que estos gigantes oceánicos son mucho más que símbolos; son indicadores fundamentales del estado de salud de los mares que sustentan el comercio global. Con el crecimiento constante del transporte marítimo y el solapamiento cada vez mayor entre rutas comerciales y corredores migratorios de cetáceos, emergen retos concretos para la seguridad de la navegación y la conservación marina, según Gard.

Riesgo real de colisiones: una amenaza subestimada

Los “vessel strikes”, es decir, las colisiones de buques con ballenas, junto con el enredo en artes de pesca, se mantienen como una de las principales causas de mortalidad e impacto en poblaciones de cetáceos. Es paradójico: especies de gran tamaño y visibilidad limitada se mueven cerca de puertos y zonas de intenso tránsito marítimo, dificultando su detección visual por parte de tripulaciones y aumentando la probabilidad de choques.

Estudios científicos demuestran que la velocidad de los buques es un factor determinante. A más velocidad, mayor probabilidad y gravedad de impacto. Un buque que navega a 15 nudos o más tiene una alta probabilidad de colisión con un gran cetáceo incluso cuando este intenta esquivarlo. Reducir la velocidad a 12–13 nudos reduce el riesgo en aproximadamente un 30% y hacerlo a 10 nudos o menos lo hace en cerca de 40%.

Más allá del impacto físico: el ruido submarino

El ruido radiado por los buques es otra amenaza significativa. Para las ballenas, el sonido es un sentido esencial: les permite comunicarse, orientarse y alimentarse. El ruido de hélices y maquinaria puede desorientar, interferir con comportamientos sociales y en casos extremos producir daños auditivos. La Organización Marítima Internacional (IMO) ha emitido directrices para abordar el ruido submarino, destacando la importancia de medidas que mejoren el diseño y mantenimiento de los buques y ajusten las operaciones para reducir las emisiones acústicas.

Planificación de ruta y herramientas de apoyo

Un aspecto crítico es la planificación de travesías: conocer dónde están probablemente las ballenas es el primer paso para evitarlas. Herramientas colaborativas como la iniciativa Blue Corridors, que mapea rutas migratorias, y el WSC Whale Chart de la World Shipping Council, que recopila medidas de conservación (desde restricciones de velocidad hasta áreas a evitar), se están convirtiendo en recursos indispensables para los equipos de puente y de planificación.

En particular, la digitalización y actualización constante de estos instrumentos —incluida su disponibilidad para plataformas e apps de navegación— permiten a las tripulaciones anticipar zonas sensibles y adaptar sus procedimientos operativos en tiempo real.

Recomendaciones para la industria marítima:

  • Si bien no existe una solución única, el consenso técnico señala varias acciones concretas que pueden integrarse en la cultura operativa del transporte marítimo:
  • Disponer de recursos y mapas actualizados sobre presencia de cetáceos en la planificación de travesías.
  • Entrenar a las tripulaciones en identificación de ballenas, medidas preventivas y reportes de avistamientos.
  • Verificar y cumplir zonas de restricción de velocidad, tanto temporales como permanentes.
  • Promover reducciones de velocidad voluntarias más allá de los límites establecidos en áreas con alta presencia de ballenas.
  • Evitar acercarse deliberadamente a cetáceos y reportar avistamientos al resto del tráfico marítimo y a autoridades pertinentes.

Por MundoMaritimo